CARMEN REATEGUI ROSSELLO
English
 “…and walk through the skin of another life…” Edward Hirsch Por Ana María Rodrigo Prado En esta obra, Carmen Reátegui parece “tocar” conceptos interesantes, sofisticados, no literales, como la imaginación, el residuo, lo dual, la ausencia / la presencia, la luz, el color, el brillo, la ruina, la fantasía y la representación. Reátegui no quiere hablarnos de una cultura pre-inca como lo haría un arqueólogo o un historiador. Ella se enfoca en los vacíos y la posible polisemia de los signos que podemos leer, en las sombras y dualidades de los significados de ambiguos, descompuestos o fragmentados significantes, de los “restos” que quedan de las culturas ancestrales. La forma de acercarse a las “ruinas” de esta cultura es bastante abstracta y “geometrizante”. La artista “crea” una personal y sugestiva imagen de la posibilidad de la reconstrucción de los vacíos, ausencias, ruinas del pasado, a partir de la imaginación. No funciona con datos científicos sino con una personal fantasía poética. Como sus contemporáneos en el arte de hoy, Reátegui echa mano de la pintura, la instalación siempre indicial, la apropiación y la representación. La artista hace una estupenda instalación de los caballitos de totora, los bambús y el azul Klein, estructurándola como muchas de sus piezas: una obra de tres cuerpos en donde el centro aparece diferenciándose de los lienzos o elementos de los lados. En esta instalación, el color parece dar forma al objeto que aparece y, por momentos, casi desaparece, como en el caso de las embarcaciones o de los troncos o varas de bambú. El centro es una pieza geométrica que puede aludir, como lo hace el color, al estar e interactuar con el espacio y la sensación o idea del vacío, de la figura (los bambús) y el “vacío ”. Y todo nos habla del mar y la inmensidad del firmamento. Este poderoso azul aparece en Klein pero mucho tiempo antes también en Giotto y, más adelante, en Vermeer y luego, entre otros, en Kandinsky. Es intenso, elegante y químicamente tóxico. Pero es un azul icónico, bellísimo y muy preciado. Habla sobre todo del espacio. En otras de las piezas de la muestra, se repite la estructura del tríptico. En esta pieza en la que aparece la imaginería de Chancay , básicamente con motivos zoomorfos, relacionados en gran medida a la fauna de la Costa y el mar y que están o son “geometrizados” , como en muchos de los encajes de esta cultura. La estructura del tríptico es plana , bidimensional y nuevamente el centro aparece diferenciado de los lienzos de ambos lados. Las imágenes reproducidas en el “cuerpo “ central desaparecen, están borradas y sobre todo resplandece el vacío , la huella, la borradura, creada, “construida “ en pan de plata. Este color metálico, luminoso, aquí es la presencia de una ausencia. El azul del espacio, de las aguas y los cielos, de la inmensidad y el vacío se combina con el plata del metal terreno. Juntos producen una fantasía, un producto de la imaginación y la cultura, a partir de los remanentes de una civilización. Sólo la imaginación, la creatividad, pueden recrear la Historia, parece decirnos la artista. Y la mirada y la obra de Reátegui que sugiere y crea o recrea, nos da sólo un atisbo de lo real, pero sobre todo el producto de la percepción y visión de la artista. Reátegui va cada vez más hacia la abstracción. En dos de sus piezas ya no hay sino signos abstractos que aparecen como el negativo uno del otro. Huellas de un tiempo y espacio, de una cultura, de una manera de hacer. Este rastro o vestigio nos hace evocar una estética que hemos aprendido a interiorizar y que nos llega a gustar, a “tocar”, quizás hasta a reflejar. Chancay es el vehículo para lograr la recreación de signos, el azul real y simbólico, la geometría y echar mano de la imaginación.